PRÓLOGO
Rutinas asombrosas
Williamson

Como muchos de vosotros, la primera vez que oí hablar de David Williamson, hace ya tiempo, fue en relación con la desaparición al golpear (Striking Vanish). Supongo que se me podrá perdonar por haber pensado que se trataba de otro niño prodigio, loco por las técnicas, de esos que afloran con tan deprimente regularidad.

No volví a tener noticias de él. Después, hace unos años, empecé a escuchar el nombre de David Williamson muy a menudo en Europa. Constantemente se le mencionaba con un entusiasmo casi reverencial, lo cual me intrigó sobremanera (más aún teniendo en cuenta la merecida y justificada división de opiniones que existe en Europa respecto a los magos de cerca estadounidenses).

Tuve que esperar hasta finales de este año para encontrarme cara a cara con el protagonista de la historia. David se desplazó hasta el Castillo Mágico para trabajar allí una semana y felizmente, por aquellas fechas yo me encontraba en la ciudad.

Acudí al Castillo con el único propósito de ver su actuacióny allí me encontré con Richard Kaufman, que había llegado a Hollywood para terminar las negociaciones sobre el libro que tienes en tus manos. Richard me preguntó si querría escribir unas palabras de introducción al libro, y le contesté "creo que no habrá problema, pero primero quiero verle trabajar".

Mis expectativas eran grandes, dado lo mucho que había oido hablar de él. Lo que de ningún modo esperaba era el sofisticado trabajo psicológico que contiene la magia de David. La psicología es un campo que parece haber sido olvidado en la magia de cerca actual. Por supuesto, se habla mucho de ella, pero casi siempre termina siendo ignorada en la búsqueda de la novedad, por deseos de vanidad personal y/o de variantes sobre cómo colocar los dedos.

Desde hace ya tiempo David Williamson se gana la vida presentando magia ante público profano, fuera e clubes de magos y congresos. Por esa razón su nombre no era tan conocido como el de otros colegas de profesión. También por esa razón su trabajo es tan bueno.

David posee un arma poco común y muy útil, y es que él comprende con una gran lucidez cómo percibe el público lo que está haciendo el mago. Este libro consigue explicar eso extraordinariamente, además de los medios técnicos por los cuales aprenderás a ejecutar las rutinas.

Lo que esta obra no hace -porque no puede- es transmitir el encanto del estilo de David como actuante. No pasa nada; probablemente podrás presenciarlo tú mismo en un futuro. Y te digo, por experiencia, que la espera habrá valido la pena.

Max Maven
Hollywood, California
1989