PRÓLOGO
Matemagia
Martin Gardner

Prólogo: Tres tipos de personas

Pedro Alegría


Una conocida frase hecha, adaptada al mundillo mágico, afirma que hay tres tipos de personas: las que conocen a Martin Gardner y las que no le conocen. Tengo el convencimiento de que todas están equivocadas, incluidas las que no saben contar. Es prácticamente imposible encontrar ilusionistas que no conozcan alguna contribución de este filósofo de formación que dedicó casi sus 95 años de vida a cultivar sus dos grandes pasiones, la magia y las matemáticas, que escribió casi cien libros entre filosofía, ensayo, divulgación científica y magia en los que invariablemente «colaba» algún juego o pasatiempo mágico y que colaboró regularmente en las más prestigiosas revistas de magia durante la mayor parte del siglo XX (publicó su primer artículo bajo el título «New Color Divination» en la revista The Sphinx a la edad de 15 años y el último fue el titulado «Word Ways Magic», el cual apareció en la revista Word Ways pocos días antes de su fallecimiento en mayo de 2010).

Por esa misma razón, tampoco se puede encontrar a nadie que pueda asegurar que conoce a Martin Gardner. Por ejemplo, ¿sabías que usó al menos trece pseudónimos a lo largo de su carrera literaria? Para mi gusto, uno de los más ocurrentes fue el de Uriah Fuller, con el que escribió «Confessions of a Psychic» y «Further Confessions of a Psychic», una divertida parodia sobre las habilidades paranormales de Uri Geller. Este libro es otra prueba de que es imposible llevar la cuenta de todas sus aportaciones al mundo de la magia: basta recorrer sus páginas para encontrar material que no está incluido en otras de sus publicaciones. 

El experto mago e ilustre matemático Persi Diaconis dijo una vez que «Martin Gardner ha convertido a docenas de jóvenes inocentes en profesores de matemáticas y a miles de profesores de matemáticas en jóvenes inocentes». Yo creo poder afirmar que he sido uno entre esas docenas y también uno entre esos miles de personas a las que se puede aplicar esta advertencia. Si te has atrevido a hojear este libro, incluso si te has limitado a ojearlo, es muy posible que caigas en sus redes, que los juegos que contiene te hagan apreciar y admirar los encantos de la magia matemática, te sirvan de inspiración en tu desarrollo como mago o maga y se produzca el milagro de convertirte en inocente joven, que ya hay suficientes profesores de matemáticas.

El propio Martin Gardner afirmaba que «la magia matemática tiene su propio encanto, pues combina la belleza de las estructuras matemáticas con el valor de entretenimiento de los juegos de magia». Esto de la magia matemática parece una moda reciente, a la que muchos nos acercamos confundiéndola con la magia automática por aquello de que los juegos salen solos. Sin embargo, su historia es muy extensa, su origen es muy remoto y su campo de acción crece cada día. Sin quererlo, Flavio Josefo ya apuntó en el siglo I las ideas básicas de la mezcla australiana, con la historia narrada en su libro De bello judaico. Tampoco se le pasó por la cabeza a Leonardo Pisano en el siglo XIII la cantidad de aplicaciones mágicas de la sucesión de Fibonacci cuando propuso el problema de la reproducción de los conejos en el libro Liber abaci. Tantos y tantos pioneros como Nicolas Chuquet, Luca Pacioli, Gerolamo Cardano, Horatio Galasso, Claude-Gaspard Bachet, Edmé-Gilles Guyot, Joseph Gergonne o Édouard Lucas (por nombrar algunos al azar), por un motivo u otro, fueron recopilando juegos clásicos bajo el título de «recreaciones matemáticas» a la vez que incorporaban nuevas ideas, las cuales han propiciado el gran desarrollo de esta especialidad a lo largo del siglo XX. Es posible que un número considerable de estos autores clásicos escribieran sus libros de matemática recreativa con la intención de proponer ejercicios diversos a los estudiantes, algo que fuera atractivo a la par que no repetitivo ni aburrido. Por eso no es extraño encontrar entre estas recreaciones algunos juegos de magia matemática planteados como problemas. De hecho, juegos clásicos como el de los tres montones, el de los tres objetos, el de piensa un número, haz estas operaciones que luego te lo adivino, etc., se pueden encontrar allí.

Cuando los magos descubren el potencial mágico de estas propiedades matemáticas acuñan el nombre de «matemagia» –como el título de este libro– para expresar la estrecha relación entre la reina de las ciencias y la reina de las artes. Por lo que yo sé, la primera vez que aparece este nombre (en inglés, claro) es en el título del libro de Royal Vale Heath, publicado en 1933, precursor de «la biblia» titulada Mathematics, Magic and Mystery, escrita por Martin Gardner en 1956, y del también interesante Mathematical Magic de su amigo y «celestina» Bill Simon, aparecido en 1964. Actualmente el apelativo de matemagia se ha popularizado de tal manera que podemos encontrar muchas publicaciones con este título pero cuyo contenido se aleja del concepto básico. Como no podemos impedir el uso –pero sobre todo abuso– de este nombre, habrá que esperar que alguna mente privilegiada descubra una nueva palabra que represente lo que Martin Gardner entendía como magia matemática.

Al recorrer las páginas de este libro es inevitable pensar que los juegos que contiene no son simplemente el resultado de aportaciones de diferentes magos: en realidad son el punto de partida para descubrir y explorar principios matemáticos convertidos en milagros, con una adecuada dosis de técnicas y sutilezas mágicas. El mago y mentalista Max Maven sostiene que, «aunque el trabajo de Martin no sea fundamentalmente de invención pura, ha ideado algún material excelente. Ahora bien, su gran regalo ha sido compartir información verdaderamente buena, separando el trigo de la paja y explicando esas ideas con una escritura hábil e inteligible». Te animo a recorrer las páginas de este libro y a disfrutar de los juegos que Martin Gardner describe con maestría; seguro que encuentras más de x (donde x es un número mayor que uno) con los que también harás disfrutar a tu público.