PRÓLOGO
Conclusiones
Christian Miró

ASI SE QUEDÓ CALVO

por Carlos Adriano

Esta historia comienza en Argentina, concretamente en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Hace ya muchos años nació en aquella lejana y ventosa ciudad un tipo divino, simpático, risueño, lleno de inquietudes (especialmente artísticas) y con un maravilloso pelo rizado color negro azabache.

Su padre fue un reconocido actor argentino, por lo que desde muy pequeño estuvo inmerso en el mundo de la interpretación y desde niño se sintió atraído por los focos y las candilejas. Su andadura por los escenarios comenzó muy pronto como bailarín de tango. Siendo todavía un adolescente, él y su abundante, oscuro y rizado cabello negro se embarcaron en un crucero para llevar su arte por el mundo.

Su juventud lo encontró surcando mares y llevando su arte a los rincones más recónditos del planeta. A la vez que se interesaba por otras disciplinas artísticas como la interpretación o la magia, sus maravillosos rizos empezaron a desaparecer a un ritmo lento, pero sin pausa.

Yo lo conocí algunos años después, recién instalado yo en España. Las suelas de sus zapatos ya habían pisado infinidad de escenarios. Su pelo, aún rizado ya no era tan abundante. Y la magia lo había seducido por completo. Cuando nos conocimos conectamos al instante. Enseguida forjamos una maravillosa amistad.

Pronto descubrí en el una personalidad artística apabullante, inquieta y sorprendentemente profesional. No tardó mucho tiempo en destacar en el mundo de la magia. Ha estudiado e incursionado en todas las ramas de la magia siempre con gran éxito. Por ejemplo, su trabajo con el mentalismo cómico fue galardonado con un premio nacional de magia.

Cuando se interesó por la ventriloquia, además de conseguir una depuradísima técnica, dio vida a un personaje entrañable, su inseparable compañero de aventuras Mafaldo, con el que ha recorrido los teatros y festivales de toda España.

A pesar de sus virtudes, algo que siempre me llamó la atención es que cada vez que comenzaba un nuevo proyecto, su frente iba poco a poco haciéndose más prominente. Tengo la teoría que las horas de estudio y ensayo dedicadas a cada nueva iniciativa iba pasándole factura en forma de folículos capilares perdidos.

Quienes me conocen saben que soy un ferviente defensor del pelo largo, y la incipiente calvicie de mi gran amigo solía ser motivo de charla (y de mofa, siempre desde el cariño) en nuestras asiduas reuniones habitualmente acompañada de mate,  cerveza o en muchas (muchísimas) ocasiones de un buen asado argentino.

Hace unos años me comentó su idea de escribir aquellos conceptos que, fruto del estudio y la experiencia, creía importantes en la magia. Su personal visión de este arte. Y así lo hizo. Durante los últimos cuatro años, mientras navegaba por los mares del mundo en los cruceros más exclusivos mostrando su espectáculo, dedicó su tiempo libre a poner en negro sobre blanco todos sus conocimientos, su forma de hacer y de entender la magia. Con detalle, con mimo, con delicadeza.

Hoy, querido amigo, tienes en tus manos el resultado de todo ese trabajo. Toda esa información está ahora a tu disposición.

 Te aconsejo que leas con detenimiento cada frase, cada palabra de este libro porque te aseguro que están llenas de sabiduría. Años y años de experiencia condensada en estas páginas para que tú puedas disfrutar y aprender de ellas.

Christian Miro, mi amigo, mi hermano del alma, ya no es aquel niño de abundantes rizos negros del sur de Argentina. Se ha convertido en un fantástico y polifacético artista, que debido a la escasa cantidad de cabello, ya no ostenta rizos sino una lustrosa y fascinante calva, fruto (sin ningún fundamento científico), de tanto estudio y trabajo.

Por favor pon todo tu empeño en asimilar este trabajo, está hecho con corazón y mucho esfuerzo y, personalmente, me encanta la poética de pensar que así fue como se quedó calvo.

 Carlos Adriano