PRÓLOGO
Agenda oculta
Roberto Giobbi

«Ahora lo pienso y me doy cuenta de que esta clase de cosas [fragmentos] ha tenido más impacto en mi vida y en mi magia que muchos largos artículos o incluso que libros enteros». 

Roberto Giobbi 


Qué mejor comienzo al prólogo de la Agenda oculta que un fragmento de la introducción del propio Roberto Giobbi que pretende con esas palabras definir su vida, su magia y este libro. ¡Ahí es nada! Personalmente estoy de acuerdo con que lo fragmentario va tejiendo con sus hilos un tapiz que, al modo de Borges, termina dibujando nuestro propio rostro. Si te gusta más releer que leer, probablemente tú también seas fragmentario. 

Lo bueno del fragmento, la cita, el extracto de un texto, la mera plasmación de una idea, frases leídas aquí y allá, es que hacen de catalizadores: «…cuanto menos se escriba, mejor actúa lo escrito como catalizador de las propias ideas del lector». Eso nos dice Roberto. Hay que entender la palabra «catalizador» como un adjetivo, aquello que estimula el desarrollo de un proceso. En este caso, estimula el desarrollo creativo de la mente del mago. Así actúa el libro si te pones en sintonía con esa dimensión creativa y dejas a un lado la lectura exclusivamente práctica. 

Esa fue mi experiencia con la Agenda secreta y lo que permitió que se conectase la entrada del 6 de febrero, donde se puede ver el dibujo de dos copas montadas una sobre la otra (magnífica imagen), con el primer juego de la Enciclopedia de juegos con cartas, titulado «Almas gemelas», del legendario Al Baker. Dos libros, dos mundos paralelos que de repente, por arte de imaginación, se trenzan como si estuvieran hechos el uno para el otro. Es lo que llamamos «amor a primera vista».

Cuando te dispongas a leer la Agenda oculta, limpia tu mente, retira todos los elementos mágicos que tengas alrededor (barajas, monedas, etc.) y lee exento de prejuicios técnicos, teóricos o morales. Deja que las palabras leídas atraviesen tu mente sin posarse en ella. No te esfuerces en ese sentido. En algún momento algo se conectará. Lo sabrás enseguida. Si consultas la Agenda oculta con un juego en tu mente, procura no cargar esa imagen con preconcepciones. Al limpiar tu mente y darle tiempo a que se remanse facilitarás la cualidad catalizadora de la lectura. 

En tu relación con la Agenda oculta puedes vivir diferentes experiencias:

Cada entrada es una oportunidad de imaginar lo que de otro modo ni siquiera se te hubiera pasado por la cabeza. Basta acercarse a ella para que empiecen a «pasar cosas». Es prácticamente inevitable.

También puede ocurrir que con alguna entrada no salte la «chispa». No importa. Tanto la Agenda secreta como la Agenda oculta son libros mágicos (nunca mejor dicho) que se renuevan a sí mismos con cada lectura.

Te permitirán viajar al pasado rescatando recuerdos, ideas que se quedaron por el camino, incompletas, cojas, abandonadas a su suerte, perdidas en el mar de neuronas que es nuestro cerebro, hasta que «algo» las rescata.

Puedes planificar viajes interiores en la búsqueda de tribus temáticas como, por ejemplo, entradas dedicadas a las barajas. En la Agenda oculta encontrarás todas estas:

–9 y 22 de enero

–22 de febrero

–6 de marzo

–19 y 24 de abril

–19 de mayo

–5 de junio

–29 de agosto

–11 y 28 de septiembre

–29 de octubre

–22 de diciembre

Al leer estas entradas seguidas tu lectura será completamente distinta a cuando las leíste por separado, porque verás un paisaje único, una constelación donde cada entrada habla y se conecta con las demás.

En mis primeras aproximaciones a la Agenda oculta, leyendo mes a mes, ya en enero y febrero el «bullicio» era tremendo y las ideas comenzaban a fluir y esto no ha dejado de pasar a medida que me iban llegando las elegantes, lúcidas y profesionales traducciones de Luis Alberto Iglesias, mes tras mes, revisadas con mimo por Alejandro. Un tándem demoledor. Os dejo algunos ejemplos.

En la entrada del 7 de enero, Roberto nos recomienda el arte del plagio al sustituir en una frase una palabra por otra, algo que vengo practicando desde hace muchos años. Recuerdo una frase que Van Gogh le decía a su hermano: «Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente bello». Apliquemos dicho arte del plagio a la frase de Van Gogh: «Encuentra inspirador todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente inspirador». Aquí lo tienes. O una variante posible: «Encuentra mágico todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente mágico». Y ahora, salgamos de casa y vayamos a dar una vuelta, abramos un libro que no sea de magia (o también), veamos una de nuestras películas preferidas. Si nuestra mirada ha cambiado, el paisaje, el texto, la película, ¡también! Y es que la magia, la belleza, e incluso la inspiración creativa la pone el que mira. Al disponerte a leer la Agenda oculta recuerda a Van Gogh y «encuentra inspirador todo lo que puedas». Cambia tu mirada sobre el texto y deja que ocurra.

Uno de mis primeros plagios o sustituciones fue con el libro de Octavio Paz, El arco y la lira. Octavio Paz dice que «hay máquinas de hacer poemas pero no de hacer poesía». Plagiemos y digamos que «hay máquinas de hacer juegos de magia, pero no de hacer que esos mismos juegos sean mágicos». Para que surja la poesía se necesitan poetas y para que surja la magia se necesitan magos. ¡Claro! Porque la magia es un arte adjetivado, no un sustantivo que da por supuesto que «lo mágico» es consustancial al juego de magia. Al contrario, «lo mágico» de un juego debe ser convocado por el mago, debe ser una pretensión artística.

En la primera entrada de la Agenda oculta, Roberto Giobbi nos hace una de las preguntas más difíciles de responder: ¿qué es la magia? Y nos propone diferentes definiciones. Aquí va la mía: «La magia (sustantivo) es una adjetivación en acto. Es “lo mágico”, nunca garantizado de antemano, que debe ser pretendido una y otra vez». Y aquí otra, más poética, de O. Paz: «Un equilibrio en movimiento, una forma recorrida por un soplo vital». ¡Ahí es nada! Pero Quevedo también tiene algo que decir cuando al referirse a las estrellas (o a la magia) las llamó «misterios encendidos». ¿Y J. L. Borges? «Esa inmanencia de una revelación que no se produce es quizás lo estético (lo mágico) en sí». Todas ellas no son ni verdaderas ni falsas, son sobre todo inspiradoras.

En la entrada del 10 de febrero, se habla de la teoría y de la práctica y se dice que no siempre se puede aplicar la teoría a la realidad, cuanto menos directamente. Me ha recordado una lista de géneros mágicos que fui acuñando a lo largo del tiempo, dentro de la concepción de la magia ficcional, para clasificar algunos fenómenos mágicos. Lo bueno de darle nombre a algo es que de ese modo lo creas y al crearlo (una forma de renovar la mirada) comienzan a aparecer ejemplos por todas partes. Entre esas categorías estaba Lógica absurda. En esta categoría entraban juegos como «La carta en la punta de la lengua», porque se materializaba una frase hecha. Y es eso lo que, para mí, hace tan fuerte para el público este juego. Dentro de este género también entraría «X – 1 = 0», de Arturo de Ascanio, un efecto de triunfo sin carta elegida. La montura de monedero también cabría aquí, aunque me inspiró otro género al que llamé Objeto escindido,que vienen a significar cortar, dividir o separar. En definitiva un objeto incompleto. Lo absurdo aquí es que el monedero no tiene bolsa y sin embargo siguen saliendo cosas de su interior como si fuera un objeto completo.

Veamos la entrada del 11 de febrero. Me ha recordado un juego que se hacía en el café-teatro Llantiol y que se acerca mucho a la propuesta planteada por Robert-Houdin, aunque cambia el contexto en el que la imposibilidad se genera. Imaginaros la escena: un camarero llega a una mesa y anota las bebidas solicitadas. Acto seguido, sin mediar palabra, arranca la hoja y la rompe en pedazos para terminar quemándola en el cenicero. Es ahora cuando confiesa que no es el camarero sino el mago, así que comienza a realizar algunos juegos de magia. Mientras el mago actúa se acerca un camarero (este sí) y comienza a servir las bebidas que se han pedido. No está nada mal. 

En varias entradas Roberto nos hace conscientes de temas que solemos pasar por alto. Y sin embargo es precisamente en esas cuestiones que pasamos por alto en las que se nota claramente la mano del profesional. Como por ejemplo la entrada del 23 de febrero donde encontramos una idea maravillosa de Le Paul para escenificar (magnífica palabra) el momento en el que un espectador piensa una carta. Consiste en invitarle a cambiar de pensamiento tanto como desee hasta que el mago chasquea los dedos, momento en el que tiene que nombrarla en voz alta. Encontraréis más ideas sobre el tema en la entrada siguiente.

No os perdáis tampoco la invitación que Roberto Giobbi os hace en la entrada del 29 de febrero: «Si tuvieras que escribir una Agenda como esta, ¿qué pondrías en esta página?» Yo pondría un principio creativo que utilizo en algunas ocasiones en las clases del Cartomagia Club. Consiste en tener un juego en mente y buscarle una presentación inspirada. El juego que puse sobre el tapete en una ocasión fue el siguiente: mediante un vistazo y un forzaje cruzado el espectador elige una carta y la guarda en el interior del estuche sin mirarla. ¿Cómo presentar esta escena? No teníamos ni idea. Le indiqué a un alumno que se levantará y escogiera de las estanterías que nos rodean un libro que no fuera de magia. Eligió el tercer volumen de las obras completas de J. L. Borges. Hojeé las páginas hasta que otro alumno dijo «alto» y leímos en voz alta el contenido de la página en cuestión. Era un artículo dedicado a la pampa, los gauchos y los cuchilleros. La única palabra que nos atrajo fue «cuchillo». No teníamos nada más que nos inspirara. Y de allí salió la frase que define el fenómeno del juego. Una vez el espectador ha guardado la carta en el estuche se le dice: ¿Podrías indicarme algo sobre tu carta? Su color , su palo, si es alta o baja, par o impar… El espectador responde que no. Claro, porque para penetrar el estuche tendrías que tener una mente tan afilada como un cuchillo… ¡Y yo la tengo! Acto seguido y sin dejar de mirar directamente al espectador el mago coge el estuche de cartas, se lo acerca a su frente por un instante y nombra en voz alta una carta. Cuando el espectador extrae la carta del estuche descubre que es la nombrada por el mago. Un juego muy sencillo pero absolutamente demoledor porque con esa simple palabra, «cuchillo» el espectador no puede no imaginar en su mente el fenómeno que se le muestra.

Podríamos seguir así mes tras mes, idea tras idea, pero en algún momento este prólogo tiene que terminar. Mi intención no ha sido otra que la de poner de manifiesto la naturaleza profunda de la Agenda oculta: una naturaleza fundamentalmente inspiradora. Lo sé por experiencia propia. De hecho creo que se podría escribir una agenda con las ideas inspiradas por la Agenda oculta (o la Agenda secreta). Y también una agenda sobre la agenda que ha inspirado la Agenda oculta. Y, así mismo, un agenda con… Y así hasta el infinito. ¡Qué locura!

En cualquier caso, no está nada mal lo que hemos venido compartiendo durante las entradas del mes de enero y el mes de febrero. Quedan todavía diez meses por delante para disfrutar del placer de la ocurrencia, la rememoración, «…el encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección», como decían los surrealistas. Solo me queda insistir fervientemente en que aceptéis la generosa invitación en forma de libro de Roberto Giobbi y gocéis tanto como vuestra imaginación os lo permita.

«Es necesario explorar sistemáticamente el azar»

«Prohibido prohibir»

«La acción no debe ser una reacción sino una creación» 

«¡¡Roben!!»

«La imaginación al poder»

Mayo del 68

Gabi Pareras