PRÓLOGO
Fundamentos. Puesta en escena
Eberhard Riese

Prólogo: Jim Steinmeyer
Algo extraño ha estado ocurriendo en Stuttgart. Supe de ello por primera vez hace años, cuando me di cuenta, a muchos miles de millas de distancia, de que esta ciudad estaba produciendo magos (grandes magos, magos creativos, magos innovadores) en cantidades sorprendentes. ¿Había algo en el agua, tal vez? Los magos de toda Alemania se sentían atraídos, hacían su peregrinaje y, como en Lourdes, algo milagroso ocurría.
No lo comprendí del todo hasta que tuve ocasión de hablar con Topas y Nils Bennett. No era «algo», era «alguien». Eberghard Riese. Ahí estaba el catalizador, el inspirador y maestro de grandes magos. Cuando finalmente conocí a «Ebs», el fundador del grupo de Stuttgart, me costó creer que aquel hombre silencioso y modesto fuera capaz realmente de semejante alquimia. Y entonces le escuché hablar de magia.
Crecí en otra ciudad propicia para la magia, Chicago. Teníamos una gran tienda de magia, atendida por dos profesionales con experiencia, Jay y Frances Marshall. Había media docena de sociedades mágicas en la ciudad. Tuve la suerte de ver mucha magia y de trabajar con grandes magos.
Chicago es también propicia para la arquitectura. Cuando la ciudad ardió hasta los cimientos en 1871, se convirtió en un «lienzo en blanco» para las ideas arquitectónicas más innovadoras, y cobijó los primeros rascacielos del mundo. Muchos de los edificios más hermosos de Chicago son obra de Louis Sullivan, un arquitecto innovador que desarrolló su carrera en la ciudad. Sullivan fue el mentor de Frank Lloyd Wright. Hace muchos años, tuve el honor de crear las ilusiones para un espectáculo que se presentó en el famoso Auditorio de Sullivan, a la orilla del lago Michigan. El Auditorio es un bello palacio dorado de arcos concéntricos, un teatro inmenso con una acústica perfecta.
Louis Sullivan tuvo una carrera frustrante y sus ideas no siempre fueron bien recibidas. Cuando se decidió a escribir sobre arquitectura, dejó pasmados a los miembros de su profesión. Mes tras mes, los lectores seguían sus colaboraciones mensuales en una revista titulada The Insterstate Architect. Esperaban encontrar artículos sobre planos, proporciones u ornamentación. En lugar de eso, se encontraban con una serie de largos y expresivos diálogos entre un alumno y un maestro ficticios. Hablaban sobre poesía, democracia, fuerza, creatividad y naturaleza, y sobre cómo esas cualidades se pueden contener en un edificio. Sullivan tituló a su serie de artículos «Kindergarten Chats» (charlas de guardería; en Estados Unidos usamos la palabra alemana, Kindergarten, para referirnos al primer nivel de escolarización para niños muy pequeños). El título se ajustaba perfectamente a Sullivan, modesto y orgulloso al mismo tiempo.
Hoy se recuerda a Sullivan como el hombre que hizo la sencilla afirmación de que «la forma sigue a la función». Una generación después, los arquitectos modernos se apropiaron de la fórmula y la emplearon para explicar sus cajas de galletas de acero y cristal: todo función, muy poca forma. Pero si tienes la ocasión de ver uno de los edificios del propio Sullivan, como el hermoso edificio Wainwright de San Luis o el de la Bolsa de Chicago, te sorprenderá descubrir qué quería decir exactamente con «la forma sigue a la función». Sus edificios de finales del siglo XIX, esos primeros rascacielos, son edificios hermosos y ornamentales, llenos de delicados elementos escultóricos como hojas onduladas de roble, diseños de enredaderas de Art Noveau, y elegantes proporciones en las entradas o en los contornos de los tejados. Sí, la forma sigue a la función, pero esta regla no implica tanto una prioridad como una relación recíproca.
Pienso que se puede decir lo mismo de la magia: siempre estamos luchando con el «método» y el «efecto», el cuento de hadas que percibe el público y el engaño que lo produce. Louis Sullivan vio una combinación natural y sencilla de ambos, y es cierto que en la mejor magia nos parece contemplar cómo el efecto y el método van de la mano, en lugar de tirar en direcciones opuestas.
Quizá la sorpresa no sea que la forma siga a la función sino que, en el verdadero arte, ambas se conviertan en la misma cosa.
O, por citar uno de mis consejos favoritos de los «Kindergarten Chats» de Sullivan: «Todo problema contiene y sugiere su propia solución. No pierdas tu tiempo buscándola en otro sitio. En esta actitud mental, en esta forma de entendimiento, se basa el principio técnico del arte de la expresión».
Me enorgullezco de presentar los «Kindergarten Chats» de Eberhard Riese, una tentativa de convertir el arte de la magia en una ciencia de entendimiento. Agradezco que se me conceda la oportunidad, a través de este texto, de convertirme en uno de sus privilegiados colaboradores de Stuttgart. Considero que la experiencia de su escuela de Stuttgart lo sitúa en una posición única para discutir sobre la «forma», la «función» y cómo debe el artista determinar su equilibrio. Cada número de magia debe encontrar centenares de soluciones abordando centenares de problemas. Tenemos suerte de contar con un maestro tan experto.
En uno de los primeros artículos de Louis Sullivan, el alumno y el maestro describían la naturaleza del aprendizaje.
«Nunca podré aprender a hacer esto. Creo que exige la visión de un poeta».
«No temas. Todos somos poetas. Ahora no ves las cosas, pero pronto las cosas empezarán a verte y a llamarte, y entonces te maravillarás enormemente, pero comprenderás».
Creo que la minuciosa obra mágica de Eberhard Riese nos está llamando. A través de este libro, el brujo de Stuttgart tendrá el placer de alcanzar a muchos más estudiantes serios. Ellos le verán, y tendrán la oportunidad de sacar el máximo partido a sus propios esfuerzos: creativos, osados e innovadores.

Jim Steinmeyer, Los Angeles, California

Prólogo de Topas
¡Nuestro director no quería escribir un libro!
«¡En serio, deberías publicar tus principios!», habían insistido muchos magos.
«Ah, prefiero dirigir otro espectáculo».
Realmente no quería escribir un libro.
Pero hemos estado minando su paciencia el tiempo suficiente.
El nombre del director es Eberhard Riese, pero los que le conocen un poco le llaman sencillamente «Ebs». En este libro descubrirás muchas cosas sobre sus máximas personales, sus métodos de trabajo y su sistema, que forman una parte considerable de su vida. Por tanto, parece apropiado que también lo llamemos «Ebs» de aquí en adelante.
No conozco a nadie que haya visto tanto marear la perdiz y tanta rigidez en la magia como Eberhard Riese. Y no conozco a nadie que haya puesto en escena tanta magia brillante a pesar de este hecho, ¿o tal vez por su causa?
Ebs ha sido un observador incansable del mundo de la magia a través de congresos y espectáculos, en concursos, en la literatura y en los medios de comunicación durante muchos años. Durante ese tiempo ha sido jurado en concursos nacionales e internacionales y editor ejecutivo de la revista alemana «Magie», ha presenciado incontables acontecimientos en vivo y ha dirigido espectáculos para otros magos una y otra vez. Es un adicto al trabajo, de eso no cabe duda.
Si conoces a Ebs con un poco más de profundidad, también sabrás que su trabajo diurno como maestro es más que una simple vocación. Su trabajo con adolescentes no solo continúa en proyectos teatrales en horario extraescolar sino en muchos casos en la propia profesión mágica. Pero de este modo no solo los magos jóvenes se benefician de Ebs. Los proyectos que ha dirigido han ganado innumerables premios en concursos internacionales. En este momento, alrededor de diez (¡!) de sus alumnos se ganan la vida con la magia. Lo mismo puede decirse de todos nosotros: no lo habríamos conseguido sin su ayuda y su continuo apoyo. Su misión ha sido la de producir buena magia y ahora la nuestra es la de no olvidar dicho proceso.
Pero, ¿por qué debería ser así?
Sabe reconocer la diferencia entre una idea sin valor y un concepto prometedor. ¿Cómo lo hace? Pienso que a través de una mezcla de experiencia y principios racionales. No se puede enseñar «la experiencia», por supuesto. Pero sus pautas mentales, las estructuras de la magia funcional, si queréis, quedan explicadas por Ebs en este libro.
A lo largo de los años, a menudo me he preguntado cómo piensa y cómo trabaja Ebs. Probablemente se pueda decir que su formación humanística en estudios germánicos, historia y matemáticas ha tenido una influencia decisiva en su intelecto. Ebs es un estructuralista. Tanto en su trabajo como autor, como en el que desempeña como director, cree y prueba que realmente existen unas estructuras fundamentales de la magia funcional. Su experiencia le ha enseñado vías para encontrar denominadores comunes entre los magos exitosos y para extrapolar principios de ellos.
Podría haber llenado una cantidad indeterminada de libros con tales principios para difundir sus teorías de forma abstracta. Pero eso no es lo que quiere, ni siquiera ahora. Por encima de todo, Ebs es pragmático. El resultado es lo que cuenta. Por tanto, le interesa más poner en escena números de magia inteligentes e innovadores para el público que el mero papel impreso. «El arte debería hacer algo más que quedarse quieta en el museo», solía repetir sonriendo, probablemente porque es una máxima que expresa sus convicciones.
El arte mágico debe entretener e ilusionar de la forma más perfecta posible. Pero su trabajo como director también se caracteriza por el empeño absoluto de originalidad.
Ebs produce de forma«no comercial», más que «anti-comercial», dado que muchos magos se ganan bien la vida con sus ideas. «No comercial» quiere decir que las consideraciones económicas juegan un papel secundario en su mundo mental. Las ideas de Ebs a veces pueden ser extravagantes, pero siempre son insólitas. Puede que esa también sea la razón por la que algunos magos viajan alrededor del mundo con accesorios gigantescos metidos en camiones, y necesitan varios ayudantes y costosos colaboradores, pero su éxito finalmente justifica la idea.
¿Hay un estilo especial de Eberhard Riese que se pueda reconocer en sus espectáculos? Muchos magos dirían que sí. Pero yo no lo creo. Durante mucho tiempo, parecía que todos los magos de Stuttgart saltaban en el escenario al ritmo de música pop. En los últimos años, los números de Riese suelen tener un «tema» definido, algo así como una narración teatral en miniatura. Así que, por supuesto, se puede seguir la evolución en los gustos de Ebs. Pero la pura cantidad y la variedad de sus espectáculos prueban que es al contrario. ¿Qué tiene que ver Franklin con Junge, Junge!, y qué tiene que ver Jorgos Katsaros con Tom Voss? Muy poco, incluso aunque todos sean magos «mudos» con acompañamiento musical.
Como director, a Ebs solo le interesan los resultados. Nunca finge nada para nadie. Aconseja, pero no suelta discursos ni acertijos. Ebs da indicaciones claras e inequívocas. Y si son «Mi consejo como amigo: ¡córtalo!», como suele ser el caso, puede doler bastante.
¿Por qué prefiere dirigir en lugar de aparecer en el escenario él mismo?
En sus comienzos, Eberhard Riese trabajaba como manipulador, adoraba los juegos de cartas, ensayaba un espectáculo completo con amigos y finalmente presentaba magia como una suerte de monologuista de comedia. Yo solía estar entre el público, ¡y era muy bueno! Admiraba su excelente estilo cercano. Está familiarizado con los focos. Pero más tarde, su faceta como autor y director se impuso, evidentemente porque así se pueden poner en práctica muchas más ideas. Y ahora que lo pienso, odia tener que maquillarse y vestirse de gala.
La influencia de Ebs en el mundo de la magia va mucho más allá de Alemania. Sus alumnos mágicos han participado con éxito en concursos internacionales, galas y programas de televisión, dejando su huella indeleble en la recepción internacional de la magia alemana. Muchos de nosotros nos encontramos constantemente con magos francamente exóticos de distintas culturas, como Estados Unidos o Japón, que nos preguntan sobre su trabajo e incluso nos piden que se lo presentemos. Entre tanto, Ebs no ha podido responder a todas las peticiones para que dirija espectáculos y a todos los vídeos que le han enviado a lo largo de muchos años. Ebs ha influido en el desarrollo de sus amigos y alumnos de varias formas: profesionalmente y a menudo en lo privado también. Su personalidad y su enfoque constructivo a la hora de resolver problemas son un ejemplo para muchos de nosotros que va mucho más allá del mundo de la magia.
Ahora, por fin, podemos admitirlo: ¡hemos empujado a Ebs a escribir este libro para averiguar de una vez por todas cómo lo hace! Porque cuando trabajas con él, descubres cosas importantes sobre ti mismo y sobre tu número, pero muy poco sobre los métodos de Ebs.
La hora por fin ha llegado. ¡Ebs está a la venta en librerías!
Personalmente, ya estoy deseando disfrutar de una lectura permanente, duradera. Vivo con los principios de Ebs en cada espectáculo, en cada día de trabajo. Roxanne y yo vivimos exclusivamente de la magia desde hace ya ocho años, y eso nos hace muy felices. No habría sido posible sin Ebs, y siempre se lo agradeceremos.
Así que este es Ebs. Un director estructuralista, «no-comercialmente» exitoso, por encima de todo para sus amigos artistas. Este libro aumenta el círculo de personas que se benefician de Ebs.
Una vez que lo hayas leído conocerás a Eberhard Riese, a «Ebs», como lo conocemos nosotros, mucho mejor.
¡Te deseo una lectura inspiradora!
Llévala a la práctica. ¡Ebs funciona de verdad!

Topas

Prólogo de Franklin
Cualquiera que haya tenido alguna vez el placer de trabajar con Eberhard Riese, deleitándole con «revoluciones» técnicas caseras en el proceso, probablemente recordará demasiado bien comentarios como eso no es nada» o «tontería elevada a la tercera potencia». Tales comentarios, a menudo pronunciados en el dialecto local, querían decir: «¡Tira eso a la basura o lo haré yo!» En ese sentido, Ebs (como lo llama cariñosamente su rebaño) siempre ha sido directo hasta el tuétano. Porque incluso aunque duela: la basura es y seguirá siendo basura. ¡Pero él siempre ha sido capaz de reconocer también los diamantes en bruto! Y si todo lo que se le llevaba a la lejana Stuttgart resultaba ser un montón de tonterías, su respuesta era: «¡No me agotes la paciencia!»
Aunque muchas veces lo he puesto verde por este método de trabajo, a estas alturas se ha convertido en una segunda piel para mí. ¡Tienes una idea y realmente te encanta! A continuación sigue un montón de trabajo personal, de dar martillazos y apretar tornillos, y al final ves la construcción más demencial lleno de orgullo de inventor. Pero a pesar de todo: si es basura, tiene que ir a la basura. Da igual cuántas horas hayas perdido en ello.
Solo he ignorado el juicio de Ebs sobre esta cuestión una vez. Cuando la piruleta gigante aparece al final de la rutina de piruletas. Pero supuso tener que soportar las burlas del maestro después de cada una de las representaciones hasta que finalmente perfeccioné la solución técnica (solo Ebs se reiría aquí, pues sigue viéndolo de otra forma, incluso ahora.)
Lo que una vez más demuestra lo difícil que puede ser aceptar las críticas cuando eres joven. Una habilidad que ciertamente se cuenta entre las que todos los magos de Stuttgart tuvieron que aprender dolorosamente de Ebs. En un momento u otro, lo consiguió: prácticamente estábamos hambrientos de críticas porque nos habíamos dado cuenta de que la crítica constructiva no tiene precio. Se convierte en la fuerza rectora que convierte una idea en un espectáculo de magia.
Y una vez que uno saca el tiempo para revisar el desarrollo cronológico desde «la idea inicial» hasta el resultado final con sus «enormes» cambios, inmediatamente se da cuenta de que cierta persona, con un ojo muy perspicaz, ha ordenado los elementos, los ha estructurado y, sobre todo, ha contribuido inmensamente en lo creativo.
De este modo, Ebs no solo me ha ayudado a poner en escena un número de magia exitoso sino que, lo que es más importante, me ha proporcionado los recursos para continuar el desarrollo creativo tanto en mi vida privada como en mi profesión. Los principios que enseña y que el lector encontrará en este libro pueden aplicarse a incontable situaciones que tienen poco que ver con el mundo de la magia. Los uso cada día. Porque ahora, cuando leo los guiones para algunos programas de televisión, todavía puedo oír su voz dentro de mi cabeza: «¡Tira eso a la basura o lo haré yo!».
Y por eso tiene mi eterna gratitud.
Franklin