PRÓLOGO
Annemann. Vida y obra de una leyenda. Tomo 1
Recopilado por Max Abrams

El impacto de un artista no tiene por qué ser proporcional a la duración de su vida. La existencia humana es variable. Así, por ejemplo, el desarrollo creativo de grandes maestros como Picasso o Vernon tuvo lugar en el curso de muchas décadas. Pero hay otros a quienes se concedió mucho menos tiempo y aun así su impacto ha sido igualmente profundo.

Por ejemplo, Mozart apenas dispuso de la tercera parte del tiempo adjudicado a Stravinsky. Pero lo que Mozart fue capaz de hacer con tan escueta provisión de tiempo no fue menos extraordinario que lo que hizo el ruso durante su dotación de casi un siglo. Es más, se puede argumentar que (con todo el debido respeto a la innovación de Stravinsky) los logros de Mozart son más extraordinarios. ¡Una creatividad tan intensa en una vida tan corta!

Theodore Annemann también logró mucho durante una vida corta. A medio camino de los setenta años bíblicos [N. del T: Salmos 90, 10: "Los días de nuestra edad son setenta años"], fue derrotado por una panoplia de circunstancias dolorosas cada vez más agobiante, y eligió abandonar el juego antes de tiempo.

Fue una vida oscura pero dejó una luz brillante.

Durante esa participación relativamente breve, su penetrante pensamiento cambió el curso de la magia y el mentalismo. La suya fue una influencia que se extendió por todo el mundo y que se mantiene hasta hoy.

Annemann entró en el mundi de la magia durante un periodo de cambios significativos. La Revolución Industrial de mediados del XIX había alterado las condiciones de vida para el individuo medio en la civilización occidental.

Los ciudadanos urbanos de a pie disponían ahora de algo que, hasta entonces, había sido patrimonio exclusivo de los acaudalados: tiempo de ocio. Esto condujo a una variedad de nuevos fenómenos sociales. Uno de ellos fue la emergencia del mago aficionado, un proceso que se consolidó por completo al comienzo del nuevo siglo.

Pocos miembros de esta nueva generación de magos tenían oportunidad de actuar en escena  en situaciones formales. Es más, pocos aspiraban a ello. La mayoría se conformaba con presentar efectos de menor escala ante sus familiares y amigos en circunstancias informales. No les servían de mucho los accesorios grandes o complicados. Ni tenían, en su mayoría, intención de invertir esfuerzos sustanciales en practicar manipulaciones difíciles. Pero estaban deseosos de aprender juegos que se ajustasen a sus necesidades, y por tanto conformaban un nuevo e importante mercado para los inventores de efectos.

En los Estados Unidos, mente creativas como las de Charles T. Jordan y Al Baker comenzaron a proveer a este mercado, lanzando material que ponía énfasis en el ingenio y el procedimiento antes que en gimmicks y en manipulaciones. A menudo, sus productos eran ínfimos en un sentido físico: una o dos páginas de texto mecanografiado. Se ponía énfasis en las ideas, no en los accesorios.

Cuando aun no había cumplidos los veinte años, Annemann hizo sus primeras incursiones tentativas dentro de este imaginativo círculo. Con pocas excepciones , sus primeros artículos estaban relacionados con el mentalismo, y dicha inclinación se mantendría durante el resto de su vida.

Los juegos que Annemann publicó y comercializó fueron bien recibidos. Siendo todavía joven desarrolló una cartera de clientes que confiaban en su nombre. Al mismo tiempo intentó labrarse una carrera como mago profesional. Según el testimonio de sus contemporáneos, era un mentalista de talento. Max Holden, el proveedor de efectos de Nueva York que más tarde publicaría varios de los libros de Annemann y financiaría sus proyectos, asistió a uno de sus espectáculos y escribió en su columna "Magic Around New York" ("Magia en Nueva York") en el número de julio de 1930 de The Sphinx: "He sido testigo de uno de los números más grandes e interesantes que jamás he tenido el placer de ver. Durante una hora y veinte minutos se ha hecho con la atención del público, y los ha mantenido hechizados… cada minuto ha sido fascinante."

Sin embargo, Annemann nunca se sintió totalmente cómodo actuando. Además, por aquel entonces, el negocio del espectáculo en vivo estaba amenazado por las graves condiciones económicas de los Estados Unidos ("la gran depresión"), y también por la emergencia de nuevos medios como la radio y el cine sonoro.

La publicación de material sólo requería una modesta inversión financiera. Para Annemann, los resultados era más seguros y lucrativos. Por tanto, apartó su atención de la actuación en vivo y produjo una creciente cantidad de libritos y panfletos que se vendieron bien dentro de la comunidad mágica. Como observó Tom Bowyer en una reseña en el número de mayo de 1934 de The Lnking Ring: "Annemann es uno de los pocos cuyos escritos ejemplifican la corriente moderna…"

Finalmente, dicho éxito condujo a su producto más famoso, The Jinx.  Desde su aparición a finales de 1934, fue una publicación diferente a todo lo que el mundo mágico había visto hasta entonces. Si se compara con otras revistas de magia de la época, era pequeña y tosca. Si querías fotos atractivas y tipografía profesional, te convenían más The Sphinx o The Linking Ring.  Pero lo que la revista de Anneman carecía en ornamentación lo compensaba con creces en material sólido. Ninguna revista de magia antes que esta (y de hecho, muy pocas después) mantuvo un nivel de calidad tan alto.

A esto se añadían sus comentarios y observaciones sobre el mundo de la magia. Motivado por su juventud  y su pasión, Annemann aportaba una honestidad audaz a sus páginas editoriales. A menudo era valiente, en ocasiones insensato, pero siempre fue sincero. En el editorial del número de Febrero de 1942 de Genii, William Larsen Sr. escribió que Annemann "nunca dejaba dudas sobre cuál era exactamente su postura… por el mayor de los bienes de la magia."

Annemann murió por su propia mano en 1942. Su vida turbulenta fue casi un año más corta que la de Mozart.

En un obituario en el número de febrero de 1942 de The Linking Ring, Frances Ireland observó: "¡Annemann, el hombre, ha muerto! Pero Annemann, el genio, solo acaba de empezar a vivir. A medida que pasen los años, su nombre seguirá siendo cada vez más importante." Tenía razón.

Un año después de su muerte, Max Holden lanzó Annemann's Full Deck of Impromptu Card Tricks (La baraja completa de juegos de cartas impromptu de Annemann), cincuenta y dos efectos de cartomagia recopilados los primeros números de The Jinx por John J. Crimmins. Un año después le siguió Annemann's Practical Mental Effects (Efectos Prácticos de Mentalismo de Annemann), también recopilado por Crimmins. Este fue un volumen de mayor tamaño, con casi doscientos efectos seleccionados de The Jinx. Se ha mantenido como superventas desde entonces, y el nombre de Annemann se ha convertido en el punto de referencia establecido para el mentalismo moderno.

Medio siglo después del suicidio de Annnemann, Max Abrams completó el libro que ahora tienes en tus manos. Es un trabajo impresionante y valioso.

Max Abrams era abogado de profesión, pero su verdadero amor era la magia, y sentía su máxima devoción por Annemann. Nació en Nueva York en 1935 y se trasladó a Los Ángeles en 1943. Además de su trabajo legal, desarrolló una profesión adicional vendiendo libros de magia de segunda mano y otros objetos de valor histórico. Creo que los artículos que vendía eran materiales sobrantes su búsqueda incesante  de recuerdos de Annemann.

Mi primer contacto con Max Abrams se produjo a mediados de los 70, a través de sus escritos sobre mentalismo que aparecieron en Magick y otras revistas.  Publicó una versión en tapa dura del $50.00 Manuscript (Manuscrito de los 50 dólares) de Annemann en 1976, y Fifth Dimensional Telepathy (Telepatía a través de las cinco dimensiones), una variación suya sobre una rutina clásica de Annemann.

Lo conocí a finales de los 70 y mantuvimos muchas conversaciones sobre Annemann. De hecho, casi no hablaba de otra cosa. Este libro es el resultado de sus muchos años de investigación obsesiva y apasionada sobre la vida de su héroe.

Annemann dejó un legado que se mantendrá mientras existan estudiantes de mentalismo. Max Abrams murió en 1998, sabiendo que había consolidado su propio legado al proporcionar una perspectiva profunda e información sobre Annemann que enriquecerá la formación de incontables mentalistas futuros.

Si es la primera vez que te aproximas a la obra de Annemannm este libro es un pórtico que te conducirá a un viaje extraordinario. Si ya has leído  alguno de sus trabajos, este libro te llevará mucho más allá. De una forma u otra, te deseo fantásticas exploraciones.

Max Maven
Hollywood, California
Octubre de 2006