PRÓLOGO
El libro de Dai Vernon
Lewis Ganson

Prólogo por Vicente Canuto

Siempre recordaré aquél día de mi primera visita al Castillo Mágico en Los Angeles. Cuando entré al recinto, vi a Dai Vernon sentado cerca de un rincón. Estaba solo y, con cierto aire distraído, jugueteaba con su baraja. Tenía una edad muy avanzada, probablemente más de 80 años, pero por su actitud con las cartas en nada se diferenciaba de un chaval de cualquier círculo que está a la espera de iniciar un rato de charla con otro colega. Al verlo, el corazón de me dio un vuelco, ¡qué oportunidad! el “Profesor” y sin nadie más… Me presenté, y era evidente que se alegraba de tener un compañero de afición; me invitó a sentarme y estuvimos una larga velada charlando y haciendo “magias”.

Lo primero que llamó mi atención fue la gran vitalidad que tenía. Hizo varios juegos y técnicas, y sus manos no se movían como las de un anciano; aún conservaba una notable habilidad y naturalidad de manejo. Tampoco escatimó esfuerzos en mostrarme y corregirme algunas de las manipulaciones por las que yo le pregunté. Estudiamos algunos de sus empalmes: eran perfectos. Su magia era muy sutil, el ritmo fluido y la charla rápida –al menos es la impresión que me dio, porque no paró de hablar– muy coherente con su personalidad.

Sí, el hombre me había dejado huella. Cuando volví a Sevilla me lancé con ánimos renovados a releer el “Dai Vernon book” y otros de sus magníficos libros. Esta vez intentando no pasar nada por alto, porque todos los detalles son importantísimos, ya que si tomas cualquier rutina del libro, y la presentas como está, verás que es perfecta, una obra maestra a la que nada le sobra y nada le falta, que funciona de maravilla y que si intentas introducir una “mejora” lo más probable es que la estropees. Pero eso no quiere decir que no la adaptes a tu personalidad; Vernon insiste en que pienses y te anima a que investigues, a que juegues con las técnicas y las presentaciones para así hacerlas más tuyas, para que crezcas como mago y artista. Si llevas tiempo en la magia, estoy seguro de que conocerás versiones de otros magos de los juegos que aquí se explican. Yo te ruego que hagas el experimento de probar en público los juegos tal como los concibió Vernon y los compares con el impacto que producen las otras versiones. El día que nos veamos me cuentas cómo te ha ido.

Cuando estudié sus libros, me esforcé en comprender las razones de por qué su magia resulta tan potente, de cuáles son sus pilares y cuál es la esencia de la filosofía del “Profesor” que le permite lograr estos juegos tan acabados, y éstas fueron algunas de mis observaciones:
En su magia todo fluye con extraordinaria naturalidad y cada movimiento está justificado. Si asimilas el capítulo de “El Toque de Vernon”, y aplicas esos conocimientos a tus técnicas, podrás lograr esa naturalidad que tanto buscamos y que tan difícil es de conseguir. Además, todos los efectos son fáciles de contar y entender: los aros se enlazan y desenlazan, las monedas viajan a través de la mesa, siempre hay seis cartas, hay que apostar por una carta… De esta manera, el espectador nunca se siente confundido.

En la mayoría de sus juegos, el efecto se vuelve a repetir dos o más veces en condiciones cada vez más imposibles. Esto provoca una reacción espectacular, porque a pesar de que el espectador está en guardia y sabe lo que va a pasar, no logra “pillar” al mago, y se sumerge de lleno en la ilusión mágica. Ahora bien, lo consigue mediante un reto del mago hacia el propio mago y no retando directamente al espectador. No reta con la fórmula “yo gano y tú pierdes” que puede molestar al público. Gran parte de los juegos de este libro siguen esta estructura.

Emplea un principio muy ingenioso –y poco utilizado por otros magos–  cuando explica a los espectadores una trampa real, a continuación, destruye esa idea de sus mentes y así aumenta el misterio. Puedes encontrar esta técnica, de la que Vernon es un auténtico maestro, en su rutina de los cubiletes, cuando los carga con las bolas grandes aprovechando la cobertura de la explicación de un falso depósito.

Ha explorado los finales abiertos como nadie. Aunque en este libro no vienen muchos juegos de este tipo, el “Profesor” lo utiliza con mucho éxito en “El juego que no se puede explicar”, en el que corre riesgos e improvisa, como sucede en el jazz. Si sale la solución buena, es milagroso. Otro ejemplo lo más parecido a un final abierto, aunque sin riesgos, se da en el juego “El reto”, en el que la duración del mismo y por lo tanto su efecto depende de la suerte que tengas en las elecciones que vaya haciendo el espectador.

Siempre manifiesta un gran respeto por sus maestros y amigos, y por eso, como homenaje incluye juegos suyos, para mantenerlos vivos en la memoria de la colectividad mágica.

Y tan sólo me queda desearte que disfrutes de El Libro de Dai Vernon, tanto como yo lo he disfrutado, y que te adentres en las creaciones de uno de los magos más influyentes de todos los tiempos.

Vicente Canuto, Sevilla, mayo de 2005