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Siegfried and Roy

caricatura Siegfried and Roy
Siegfried and Roy SIEGFRIED AND ROY
Los amigos Grimm

Jacob y Whilhelm Grimm nacieron en Alemania y se hicieron mundialmente famosos por mostrar al mundo la belleza que puede haber en el universo de la fantasía.
Siegfried y Roy también.
Los hermanos Grimm crearon un mundo propio donde los animales adquirían habilidades insólitas, donde la magia era la ley que imperaba y donde los protagonistas, siempre se veían envueltos en múltiples peligros.
Siegfried y Roy también.
La familia Fischbacher era igual de pobre que la del “Pulgarcito” de los Grimm, tanto que cuando el pequeño Siegfried, que tenía entonces nueve años, rogó a sus padres que le compraran el libro que le había deslumbrado en la librería de Rosenheim, tuvieron que negárselo. No había dinero en casa, de manera que Siegfried tuvo que conformarse con seguir pegando la nariz al cristal del escaparate e imaginar la de maravillas que se esconderían tras aquella portada. Era, claro, un libro sobre juegos de magia. Un buen día, paseando por la orilla de un río, habría de cambiarle la vida. Como a “La mujer del pescador”, algo que apareció del agua acabaría por llenarle de riquezas. Si en el cuento de los Grimm era un pez que concedía deseos, en el caso de Siegfried lo que sus ojos descubrieron en el agua fue una moneda de cinco marcos, que le concedió el mayor de sus deseos. Al poco de tener el libro en su poder, el futuro mago ya sabía de memoria
hasta el número de comas que contenía. Ya estaba en disposición de debutar, y lo hizo haciendo desaparecer una moneda, actuando como espectador su señor padre, cuyos ojos casi se desorbitaron, más que por lo asombroso del juego, por el enfado que le produjo perder de vista el dinero.
Por entonces el pequeño Roy vivía en Nordenham y su mayor entretenimiento consistía en dar largos paseos por los campos vecinos en compañía de Hexe, su perro lobo. Los hermanos Grimm recogieron un cuento popular que titularon “El viejo Sultán”, que narra cómo un pobre perro simula salvar la vida de un niño. Hexe salvó la de Roy, pero de verdad. Ocurrió cuando el futuro ilusionista jugaba a perseguir a un cuervo por un bosque. Como miraba hacia arriba, no vio que ante sus pies, un obstáculo amenazaba con hacerle tropezar. Cuando Roy se dio cuenta de que había caído en unas arenas movedizas, se empezó a preocupar seriamente. Me estoy poniendo un poco pesado con eso de los Grimm, pero hay que hacer constar que, en su versión del cuento de Blancanieves, la malvada madrastra cae precisamente dentro de unas arenas movedizas, y le está bien empleado. Siegfried y Roy nunca hubieran llegado a ser pareja si en ese momento no hubiera reaccionado Hexe batiendo el récord de velocidad de perros lobos. Salió la mascota en dirección opuesta a donde su dueño se retorcía para no ser engullido y no tardó mucho en regresar, acompañado de un granjero que habría de salvarle de una muerte segura.
Han pasado ahora unos pocos años, y encontramos a Siegfried embrujado en Munich. Ha decidido que será ilusionista profesional y ha descubierto una tienda de magia que le provoca más tentaciones que a Hansel y Gretel la casita de chocolate. Allí conseguiría su primera caja de magia.
Roy, por entonces, es feliz en el zoológico de Bremen – sí, el escenario del cuento de los Grimm “Los músicos de Bremen”-. Ha conocido allí a un amigo llamado Chico, que aunque no tiene demasiada conversación, ha dejado al muchacho fascinado. Chico es un guepardo de dos años al que Roy va ver a diario y que escucha sorprendido cómo su visitante no habla como los demás humanos, sino que le dirige sonidos más propios de sus congéneres felinos. “Este es el comienzo de una gran amistad”, se dijo Chico mirando a aquel joven que parecía un estudiante del idioma de los animales. También el Rey del cuento “Los doce cazadores”, de... ya saben de quién, podía conversar con un león amigo suyo. Al cabo del tiempo, siendo ya íntimos amigos, los responsables permitieron a Roy entrar en el recinto del guepardo. Pero no acabará aquí su aventura.
Poco después encontramos a Siegfried haciendo magia en medio del océano. Trabaja en el mismo barco en el que viaja como camarero Roy. Cuando éste oye un aplauso en la sala de espectáculos, asoma curioso la cabeza y contempla al prestidigitador sacando un conejo del sombrero, un sombrero tan encantado como aquél por el que se pelearon dos gigantes en “La bola de cristal”, de los Grimm, que tenía la facultad de transportar al que se lo pusiera a cualquier parte del mundo. Pronto sospecharán estos dos personajes que su destino está ya unido para siempre, concretamente cuando Roy le pregunte a Siegfried si eso de hacer aparecer y desaparecer conejos puede hacerse también con un jaguar. Ya avisé que la aventura de Chico volvería a aparecer, y aquí lo tenemos de nuevo, escondido en el barco, adonde lo ha llevado Roy tras liberarlo del zoo.
Ahora tenemos a un mago con grandes ideas, a un individuo que se entiende con las fieras y a un jaguar. Suficiente para que este equipo empiece a comerse el mundo.
Tras mostrar sus asombros por Europa, Lido de París y Folies Bergere incluidos, les llegó la invitación a Las Vegas, donde han estado más de treinta años haciendo magia a lo grande a 25 millones de personas, haciendo cosas más propias de los personajes de los cuentos de sus paisanos que de mortales, como hacer desaparecer elefantes, convertirse ellos mismos en fieras, emprender el vuelo a lomos de un tigre blanco... Piense el lector en cualquier acción imposible, y seguro que Siegfried y Roy la han logrado ya.
He hecho hincapié en los primeros años de nuestro dúo mágico, por ser la etapa de su vida menos difundida - todos conocen su magia-, y porque este capítulo ha salido parecido a los cuentos de los Grimm, en los que los muchachos corren múltiples aventuras y sólo al final se convierten en reyes. Queda señalar que nuestros magos piensan también en llevar la ilusión a otras partes del planeta con infinidad de obras benéficas, entre las que hay que destacar la escuela de magia creada en Sudáfrica.
Mientras escribo este capítulo, Roy convalece en el hospital. Acaba de sufrir un accidente con Montecore, uno de sus tigres blancos. Todos los magos deseamos que este cuento tenga un final feliz. Todos los magos entonamos para ello su sortilegio: “SARMOTI” (Siegfried And Roy, Masters Of The Impossible)