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Selbit

caricatura Selbit
Selbit Un error muy difundido en la historia de la magia consiste en señalar al británico Selbit como el primero en partir a una persona por la mitad. Falso. Mucho antes que él lo hicieron personajes como Atila, Calígula o Gengis Khan. Incluso en «Las mil y una noches» ya aparece una mención a tan ocurrente ejercicio: «Y a una señal del sultán, se adelantó el porta alfanje, ¡y de un solo tajo hizo del persa dos persas!». El verdadero mérito de Selbit estriba en que fue el primero en recomponer a una persona previamente partida por la mitad.
Pero vayamos por partes, nunca mejor dicho que en este caso. En 1881 nació Percy Thomas Tibbles, un periodista alto y delgaducho al que las noticias del mundo real le parecían tan poco estimulantes que decidió el mismo crear exclusivas del mundo inverosímil, haciéndose mago.
Hasta la Primera Guerra Mundial actuó en Londres anunciándose como Joad Heteb, «El brujo de la esfinge», pero tras una gira por Rusia, al finalizar la contienda, volvió ya con el definitivo nombre de Selbit, que encontró al invertir las letras de su apellido Tibbles y quitarse una «b» que no le servía para nada.
Cualquiera que se encontrara a Selbit en la parada del tranvía sería incapaz de sospechar que bajo su elegante apariencia de gentelman con aspecto de contable se escondía un retorcido inventor de aparatos para torturar muchachitas en los teatros.
Así, en sus espectáculos, sus ayudantes se veían expuestas a los más espeluznantes tormentos. Echemos un vistazo al simpático programa de mano, que podría ser más o menos así:
El alfiletero humano. El cuerpo de una joven será atravesado por ochenta y cuatro afiladas púas.
La dama elástica. Si sobrevive la anterior, será estirada hasta límites insospechados.
Evitando el aplastamiento. Tres bellas señoritas serán introducidas en una caja con capacidad para una sola. La ilusión de este último numerito era la de que las víctimas quedaban prensadas y que saldrían de la caja más planas que el Coyote de los dibujos animados tras uno de sus accidentes.
Pero como avanzamos al principio, el número fuerte de Selbit era el de la mujer serrada por la mitad.
El proceso, tal como él lo llevaba a cabo, era el siguiente: la víctima era atada con cuerdas por el cuello, las muñecas y los tobillos. Unos voluntarios marcaban los nudos con etiquetas y la muchacha se ponía de pie en una caja de madera que tenía unos agujeros a los lados, por donde se enhebraban las cuerdas. Los espectadores tomaban los extremos de las cuerdas y los tensaban para notar cualquier intento de trampa de la joven al querer cambiar de posición. La caja era cerrada con un candado y situada horizontalmente sobre un pequeño andamio.
Entonces Selbit introducía dramáticamente tres planchas metálicas por unas ranuras de la tapa, y las otras dos planchas cruzaban la caja y el cuerpo de la partenaire a lo ancho, de forma que, en palabras del mago, quedaba dividida en ocho partes no mucho mayores que el tamaño de una caja de puros.
No satisfecho con esto, el angelito procedía a operar con un serrucho, partiendo en dos la caja.
Con gran alivio de la concurrencia, y mayor de la señora que estaba dentro, ésta quedaba como nueva.
Selbit, el muy pillo, justo al acabar la función hacía que se vaciaran cubos de falsa sangre en las alcantarillas cercanas al teatro, para que el público se fuera a casa aún más desasosegado y lo comentara a sus allegados publicitando la función.
Contrastes de la vida, Selbit fue también el creador del más disparatado efecto mágico de la historia: «El queso poderoso». Se trataba de un enorme queso metálico, al que seis o siete espectadores intentaban poner en pie, fracasando intento tras intento porque el queso saltaba, corría de aquí para allá, daba vueltas, lanzaba a los voluntarios por los aires, como si tuviera vida.
Selbit vendió el queso al mago Nicola que lo perdió en un naufragio y seguramente estará aún asustando atunes.
Aunque, para dislates, no se queda atrás el intento de hacer desaparecer al monstruo del Lago Ness. Todo lo tenía previsto nuestro mago, salvo que el monstruo, hasta la fecha no ha aparecido, y sin aparecer, no puede desaparecer.
Por si fuera poco, Selbit fue el primero en idear las quinielas de fútbol, sin mucho éxito, eso sí, y también inventó un dispositivo para levantar barriles de cerveza sin remover el sedimento.
Selbit murió en 1938 y su figura marca un antes y un después en la magia. También la partió en dos.