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Chung Ling Soo

caricatura Chung Ling Soo
Chung Ling Soo Los hechos. El 23 de marzo de 1918, la falsa china, Suee Seen disparó una bala sobre el kimono de su esposo, el falso chino Chung Ling Soo. Algo que no tendría importancia de no ser porque su esposo estaba dentro del kimono. Todas las noches lo hacía en el escenario. Empezaba entregando una bala a un espectador para que la marcara. Con ella se cargaba un fusil que apuntaba sobre el cuerpo del mago, protegido tan sólo por un plato de porcelana. ¡BANG! Un disparo. ¡CRASH! El plato de porcelana se rompía. ¡PLOFF!
Chung Ling Soo caía al suelo, pero se levantaba orgulloso y mostraba, atrapada entre sus dientes, la misma bala que el espectador había marcado. Sin embargo, aquella noche en el escenario del Wood Green Empire Theather de Londres, decorado como la Ciudad Prohibida de Pekín, rodeado de «guerreros del Celeste Imperio», el mago no se levantó. Estaba muerto.
Otros casos. Un siglo antes, Kia Kan moría en Dublín al efectuar el mismo juego, cuando un espectador con mente de percebe decidió utilizar su propia arma.
Otro mago murió con el efecto de la bala atrapada con los dientes al salir disparada una astilla de su varita mágica, que se había roto dentro de la boca del fusil
cuando era usada para
apretar el proyectil.
Dos años después de la muerte de Chung Ling Soo moría la esposa y partenaire de Luis de Linsky. Una docena de ilusionistas pasaron a mejor vida, sólo en este siglo, presentando este macabro efecto.
La víctima. William Ellsworth Robison había nacido en 1861 en Nueva York en el seno de una familia escocesa. Trabajó en el metal antes de ayudar a Kellar y Alexander Hermann, para los que construía aparatos mágicos.
Cuando se independizó de ellos, actuó anunciándose como Nam Saib, Akmeb Ben Alí, Abdul Khun, Hop Sinh Loo y Robinson, el hombre misterioso, antes de dar con el definitivo nombre de Chung Ling Soo, que significa en chino Muy Buena Suerte. Disfrazado de chino sorprendió a medio mundo pescando con una caña peces vivos del aire, o haciendo aparecer a su señora de un caldero lleno de agua hirviendo.
El juicio. Cinco días después del fallecimiento de Chung Ling Soo, el juez Forbes, tomó declaración a Sue Seen, que resultó llamarse Olive Robinson y juró no tener ni idea del manejo del arma en cuestión y que durante veinticinco años se limitó a llevarle a su marido las balas marcadas por los espectadores para que él las cargarse, dando el cambiazo y quedándose con las balas marcadas para simular que las atrapaba.
El Dr. Porter declaró que al falso chino la bala le había atravesado el pulmón derecho saliéndole por la espalda.
El perito en armas Robert Churchill pareció dar con la clave. El fusil estaba provisto de un mecanismo que impedía la salida de la bala pero que ocasionaba un estallido, dando la impresión de que era disparada. Al parecer, con el uso, el dispositivo que retenía el proyectil dentro del arma se fue poco a poco desgastando hasta que esa noche dejó de cumplir su función y el disparo resultó real. El juez dictó sentencia: muerte accidental.
Nuevas sospechas. Sin embargo al escritor Fulton Oursler no le convenció el veredicto. Después de mucho indagar, averiguó que una morenaza americana llamada Estelle asistía todas las noches al mismo palco del teatro donde actuaba Chung. El ilusionista se fijó en ella y le envió un ramo de rosas con una tarjeta perfumada. La cosa acabó en el apartamento de Estelle como pueden imaginar. Hay que decir que el mago, por aquella época, andaba tan metido en su papel que simulaba ser chino incluso en su vida ordinaria, así que disfrazado de oriental visitó a Estelle durante su romance. Un buen día todo se complicó. Chung Ling Soo encontró en su camerino una nota con un terrible mensaje: «¿Cuánto tiempo cree poder engañar a su esposa?
No olvide que ella es quien carga las armas». Recuerden que Sue Seen había declarado lo contrario en el juicio. Chung seguía recibiendo en el teatro las balas ficticias de su esposa y las flechas de Cupido. Demasiados proyectiles para él, así que decidió unirse a Estelle y aclarar el asunto de una vez. Cuando se lo propuso, la morena respondió que nones, que ella sólo se casaría con un americano. Al día siguiente, el falso chino fue a verla vestido de verdadero occidental y le dijo que su nombre era William, pero sin el traje de mago se perdió la magia, y a los dos días, Chung Ling Soo recibía una carta de su amada que le anunciaba su boda en Ohio con un amigo, que fue bonito mientras duró y esas cosas que se dicen en estos casos.
Fue entonces cuando Chung y William empiezan a odiarse. Así se lo expuso a su amigo Goldston: William no puede obtener a la mujer que ama y Chung teme a la suya. Goldston le recomendó que dejara de hacer el juego de la bala y el mago le prometió que esa noche sería la última en que lo efectuaría. Cumplió su promesa. Esa noche la bala le atravesó. ¿Indicaba la promesa de Chung a su amigo un anuncio de suicidio? ¿Fue Sue Seen la que se cargó a su marido, conocedora de la aventura con Estelle? ¿Acertó el juez Forbes?
Veredicto. No se hagan ilusiones, el caso no se aclaró del todo. Según Ourles fue Robinson el que mató a Chung, o viceversa, un yo se cargó al otro yo, hartos ambos el uno del otro. A esta historia le falta un Sherlock Holmes que encontrara en el escenario una pestaña, un botón o un aroma a naranja amarga que pudiera llevarle a la solución de la muerte más enigmática de la magia.