Nuestro sitio utiliza cookies.

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso.


logotipo libros de magia

Noticias/actualidad

llave

Magos y curiosidades

caricatura Las Hermanas Fox (The Fox Sisters)
Las Hermanas Fox (The Fox Sisters) Las escenas que contiene este capítulo pueden dañar la sensibilidad del lector. Quedan avisados, porque van a leer una espeluznante historia del más allá, la de las hermanas Fox.
Katie y Margaret Fox eran dos jovenzuelas de Hydesville, un pueblo cercano a Nueva York, que cuando acababan los deberes, jugaban en su casa a producir ruidos extraños. Cuando los sonidos emitidos por las tiernas muchachitas llegaban a los inocentes oídos de su señora madre, ésta caía presa del pánico, convencida de que criaturas de ultratumba se habían instalado en su casa sin pagar alquiler. La señora, espantada, narró a sus vecinas lo que pasaba en su casa, las vecinas corrieron la voz y al poco tiempo todo el pueblo estaba al tanto de los escandalosos espíritus, haciendo cola en la puerta del hogar de las Fox para curiosear a los forasteros.
Mamá Fox era crédula pero no tonta, de manera que, junto a sus hijas, que decían poder comunicarse con los fantasmas, organizó en el salón sesiones de espiritismo.
Katie y Margaret ejercían de médium y su hermana mayor hacía las funciones de taquillera. Los fantasmales contactos tenían lugar alrededor de una mesa camilla, ante seis curiosos vecinos que podían comunicarse con los muertos gracias a la mediación de las hermanitas. Los asistentes hacían preguntas a los espíritus y éstos contestaban con un golpe para el «no», con dos para la duda y con tres para el «yes».
Para provocar estos sonidos, las Fox utilizaban, entre otras artimañas, su admirable facilidad, aprendida en sus juegos infantiles, para castañetear los dedos de los pies.
Los invisibles inquilinos podían responder desde qué comía en el más allá el difunto esposo de la viuda Ferguson hasta cuál era el día más propicio para declararle el amor a la hija del reverendo.
Los prodigios de las Fox se extendían por el país de forma directamente proporcional a sus ganancias, y tan famosas llegaron a ser que la prensa decidió ocuparse de ellas.
Un periódico de Boston les lanzó un reto: si eran capaces de responder a una serie de cuestiones sólo conocidas por el director del diario, unos cuantos profesores de Harvard y el mago y ventrílocuo Wyman, las hermanas serían recompensadas con quinientos dólares.
Evidentemente, fallaron y su reputación como intermediarias de los espíritus se vino abajo. Una de las hermanas, bien por arrepentimiento, bien para estirar el negocio, anduvo algún tiempo dando conferencias sobre sus travesuras, pero el éxito no le acompañó.
Más tarde, junto con una amiga, volvió a insistir con la trola fantasmal, pero nadie le hizo caso.
Así, unas niñas que preferían asustar a su madre antes que jugar con muñecas, marcaron el inicio del espiritismo moderno, que seguirá en la página siguiente con la no menos desgarradora historia de los Davenport.