PRÓLOGO
La belleza del asombro
René Lavand

Prólogo por José Ignacio Fosco

Vivir en Tandil parece demasiada suerte para alguien que desea involucrarse dentro del mundo del Ilusionismo… Conocer a René Lavand, pertenecer a su Academia y compartir la amistad es mucha fortuna real para alguien que sólo busca la ilusión…

Cruzar cerros, arroyos y bosques es el privilegiado paisaje que debo recorrer hasta llegar a su casa (“Milagro Verde”). Muchas veces no hablamos de Ilusionismo; ésa es una costumbre y un ejercicio que alimenta nuestra creatividad… Sí se habla del Arte y compartimos en otras ocasiones el silencio, y puede ser que desde allí haya surgido más de algún detalle que en este libro se practica… Me sucede que al volver de Milagro Verde, muchas veces de noche, me acompañan esas charlas en mi camino vacío de soledad… En esos regresos yo desconozco la tristeza… puesto que, cuando marcho hacia mi casa, siempre somos tres, contando a mi sombra y a mi amiga la Luna.

Desde mis veintidós años y como discípulo, en esas horas que nos encuentra la quietud y la contemplación, a menudo me toca ser testigo del nacimiento o crecimiento de las ideas. Precisamente me ha tocado ver nacer y crecer este libro.

La Belleza del Asombro es contundente y equilibrado, es una obra de respuestas y sugerencias. Su estructura está dividida en tres partes: Filosofía, Técnica y Composiciones. Cada una se corresponde con las demás y es indispensable no descuidar ninguna.

Se dice que a Borges le gustaban los espejos y el amor, porque sostenía que multiplican… Escribir un libro también es multiplicar en quien se encuentre en él. Recuerdo perfectamente que cierta vez René me dijo: “José… en la baraja descansan todos los sueños, es tu misión darles sentido…”

Hallarse en un libro, en una frase o en un mazo de naipes es una acción milagrosa que se asemeja a encontrar una certeza. Después de leer este libro resulta evidente que en René se han reflejado muchas certezas…

Una de ellas es la razón del título de esta obra y nace de una sentencia de Ascanio: “…René, tú le has añadido belleza al asombro…”

Otra, bien puede ser la decodificación que hace Ricardo Martín acerca de una marcada estructura, en diferentes proporciones, que se produce ya sea en un juego o en un número entero. Él detecta: A-I-A-I-A (Atención- Interés- Asombro- Ilusión- Aplauso).

Pero, una de las que más me gusta es la frase de Mae West: “La cosa no está en lo que se hace, sino en cómo se hace; la cosa no está en lo que se dice, sino en cómo se dice; y por sobre todas las cosas… en cómo se mira cuando se hace y se dice…”

Todas estas cualidades son propias y naturales en René, las tiene asimiladas, le fluyen, las domina, están en su conocimiento inconsciente… Y por ello lo característican la calidez, la sutileza, la poesía, el manejo de la palabra, las pausas, el atisbo… Él ha logrado conciliar todo esto con el Arte del Ilusionismo, cumpliendo la premisa del sutil engaño, donde ser veráz es mejor que ser sincero. Quebrando lo imposible para hacerlo irrefutablemente creíble. Apuntando directamente a la emoción de los públicos… sabiendo que el artista que persigue la emoción persigue su propio éxito.
 
Todo esto se transmite en las próximas páginas.

Decía Goethe que una canción es como una estrella, parece un diamante pero en realidad es un mundo. Cada composición, cada técnica, cada relato aquí vertido es un diamante que esconde un mundo del infinito e incesante universo creativo de René Lavand, y para ello te invito a recorrer de su mano al encuentro –a tu encuentro– con la belleza del misterio del asombro.

José Ignacio Fosco
Tandil, enero de 2003