PRÓLOGO
TRÍO MÁGICO CARTOMAGIA – 8


EL poético arte cartomágico de un precursor actual
por Juan Tamariz

Esta traducción directa del alemán del gran conocedor Rafael Benatar está precedida de un estudio del especialista alemán Reinhard Müller, escrita especialmente para la edición española, así que mi prólogo será breve. 
Tan sólo decir que el libro es de la más alta calidad (la magia del siglo XIX, con sus saltos, empalmes, forzajes, cambios por enfile y carta corrida en cuanto a las técnicas, y las cartas de doble cara y media cara en cuanto a los trucajes). Añadir que aquí estas técnicas están exquisitamente estudiadas y mejoradas (el empalme por abajo que termina con la baraja en la punta de los dedos izquierdos, el enfile «de Hofzinser», el forzaje de la carta bajo el abanico, el medio salto, etc.). Que los efectos son enormemente interesantes, algunos apasionantes y muchos muy novedosos (incluso algunos como «Recuerde y olvide», novedosos hoy día�). Que las rutinas son complejas, barrocas a veces, inteligentemente construidas y densas (en el mismo juego, a veces hay cuatro y cinco efectos consecutivos) y que las charlas y las presentaciones son absolutamente deliciosas, poéticas, memorables, llenas de ingenio y humor y que son el traje perfecto, bien diseñado, bien cortado, para el cuerpo del juego. 
La cartomagia del siglo XIX que tuvo en los libros del Tío Cigüeño en España (1839), Ponsin (1854) y Robert Houdin (1868) en Francia, Sachs (1879) y Hoffman (1876) en Inglaterra y Roterberg (1898) en Estados Unidos sus más interesantes muestras escritas, alcanzó en la magia del genial Hofzinser y algunos de sus alumnos1 una cima única y extraordinaria. 
Pero que no se engañe el lector: esta cartomagia «antigua» es también absolutamente moderna: las rutinas, la emoción derivada de las sugerentes y artísticas charlas, la fuerza de los efectos y el impacto de la continuada repetición con variaciones de los mismos una y otra vez a lo largo del juego (aunque utilizando inteligentemente diferentes métodos: manipulativos y trucados), son, hoy, cuando ya vislumbramos el siglo XXI, una lección actual, una auténtica maravilla de creación artística comparable a las de Vernon, Daley, Ascanio, René Lavand, Paul Harris, Marlo, Larry Jennings, Flip o Luis García (por citar sólo algunos de los grandes de la cartomagia del siglo XX). 
Así pues me resta tan solo pedir al lector que estudie en profundidad la concepción tan moderna de las rutinas; un rápido análisis de ellas sería este: primero se presenta un tema interesante mediante la charla, muy a menudo mediante una pregunta directa al público, luego se pone en escena el tema con las cartas tratando de mantener el justo y difícil equilibrio charla-efecto mágico. 

1. Entre ellos su amigo Carl Compars Herrmann, decano de la dinastía de los Herrmann (Alexander y Adelaida). Por cierto que el salto Herrmann fue probable creación de Carl Compars y no de Alexander ¿O quizás tuvo Hofzinser algo que ver en su creación?�

En esta primera fase se utilizan técnicas manipulativas, se entrega todo a examen, se añaden secretamente las cartas trucadas (si las hay), se repiten los efectos anteriores utilizando estos elementos y consiguiendo un redoblado efecto y deshaciendo de paso las soluciones manipulativas que el espectador pudiera imaginar. 
Se termina reteniendo estas cartas trucadas y entregando la baraja de nuevo, mientras se deshace uno del material trucado. Toda una auténtica y compleja obra maestra de construcción. 
Hofzinser tuvo además la suerte de nacer en el momento y sitio oportunos: la Viena del siglo XIX, el centro cultural del mundo occidental, donde aún se escuchaban las melodías de Mozart y Beethoven, donde Schubert componía las más hermosas canciones jamás escritas y el ingenio, la alegría, la belleza y el arte estaban entre los valores más apreciados y cultivados. Todo ello influyó sin duda en la sensibilidad de Hofzinser y por tanto en su magia, expresión artística de su mundo interior. Se encontraron así el artista y su público, capaz, sensible, degustador. Esto podría ayudar a explicar el probable menor éxito que tuvieron las salidas de Hofzinser de Viena para presentar su arte. 
No ocultaré que no es fácil la lectura y estudio del libro, dado el método utilizado por Ottokar Fischer para la descripción (me refiero a que no se describe o adelanta el efecto, ni se resume al final). Hay que leerlo todo con cuidado, visualizar lo descrito y a ser posible escribir uno mismo un resumen del efecto para poder tener una clara idea de la generalmente compleja rutina. Las variantes de los mismos juegos y una cierta germana descripción reiterativa, dificultarán quizás al lector latino la lectura rápida que su temperamento gusta, pero este libro es una auténtica joya. Descubre tú mismo, lector, su brillo y su belleza, engárzala y móntala a tu gusto y deslumbra con ella la sensibilidad artística y poética de tus espectadores, vía la emoción del misterio (clave esencial de toda la magia). 
Si además, los problemas «propuestos» por Hofzinser y los efectos resueltos sirven para provocar tu pensamiento, aumentar tu sensibilidad, sugerirte nuevas ideas y ayudar a que tu magia crezca y se enriquezca el milagro de la magia de Hofzinser se habrá cumplido, siglo y medio después de ser creado, una vez más.