PRÓLOGO
Agenda Secreta
Roberto Giobbi

Empecemos por el principio
A punto estuve de no escribir un prólogo para este libro y de poner en la página normalmente reservada a tal fin la siguiente cita de Francis Bacon:

Los prólogos son el fruto de horas de trabajo perdidas y
ocultan la vanidad del autor bajo una apariencia de falsa modestia.

En parte, tiene razón, y en parte, no (como a buen filósofo, le habría encantado la contradicción). Recuerdo muy bien cómo leía mis primeros libros de magia y lo mucho que deseaba conocer algo más sobre sus autores, sobre sus motivaciones y sobre lo que pensaban acerca de los libros que tantos años habían tardado en escribir, pero siempre me decepcionaba encontrar tan poco a este respecto.
Se dice que todo lo hecho a mano conserva algo de la persona que lo hizo. Lo mismo le pasa al autor de un libro. Creo que es imposible escribir nada, siquiera un texto técnico, en que uno no deje parte de sí mismo. Si esto es así, ¿por qué ha de importarnos el autor? Cualquiera puede leer este libro y apreciar (espero) su contenido sin conocer de antemano nada sobre la obra o sobre su autor, del mismo modo en que se puede disfrutar de un cuadro en un museo sin saber nada del artista que lo pintó. No obstante, cuando conoces algo sobre pintura, sobre la vida y el pensamiento del pintor, sobre el periodo y la cultura en los que vivió, o sobre sus otros cuadros, puedes apreciar la obra desde un nivel diferente. Que lo quieras hacer o no, es otra cuestión. Hasta aquí, el prólogo, y quienes quieran pueden saltarse el resto y empezar con el libro propiamente dicho. A los demás, los invito a quedarse conmigo un poco más antes de atacar las partes más práticas de esta obra.

Acerca de este libro
En la introducción del tercer volumen del maravilloso Tarbell Course in Magic, el Dr. Harlan Tarbell escribió: «Si yo te doy un dólar y tú me das otro, seguiremos teniendo uno cada uno; pero si te doy una idea y tú me das otra, entonces, los dos tendremos dos ideas». He ahí una expresión típicamente occidental de una idea preciosa que explica de forma concisa, clara y perfecta de qué va este libro. Mi Agenda Secreta, sea cual sea su valor intrínseco, cumple una doble misión. En primer lugar, ofrecer un acervo de conocimientos; y desde este punto de vista, cualquiera puede aprovecharlos. Se trata de ideas –juegos, técnicas, presentaciones y consejos profesionales– listas para ser utilizadas. Algunas estaban pérdidas en los anales de la magia y han sido rescatadas para tu ilustración, mientras que otras son originales y han permanecido inéditas hasta hoy. Es información que podrás incorporar casi inmediatamente a tu repertorio o que, por lo menos, enriquecerá tu dominio conceptual de la magia. Esto último es muy importante porque resulta por sí mismo placentero, pero también porque estos conocimientos te vendrán muy bien en el futuro, cuando para resolver ciertos problemas tengas a tu disposición una mochila bien surtida de conocimientos y un amplio arsenal de destrezas de las que servirte.
En segundo lugar, este libro es una invitación a la evasión, una puerta abierta a la aventura, aunque no sea de las más audaces. Una obra de arte siempre es una aventura. Una pieza de magia, también. Por eso he incluido artículos con la intención de que te detengas a pensar, a reconsiderar algunas de tus verdades para que veas si lo siguen siendo o si, quizá, lo son sólo a medias, lo cual es peor aún que ser mentira. Quizá algunos de los artículos del libro te hagan sonreír al presentarte algo que ya conocías, pero desde un punto de vista diferente. Otros, sin embargo, resultarán problemas interesantes que querrás resolver por ti mismo.
Puestos a clasificar, este libro entraría en el género de los cuadernos de apuntes. Como en magia no contamos con un número elevado de obras de este tipo, resulta obligado mencionarlas: Jacob Daley’s Notebooks, The Fred Braue Notebooks y Bruce Cervon’s Castle Notebooks. Los cuadernos de apuntes son también un género literario. Entre mis favoritos están A Writer’s Notebook, de W. Somerset Maugham y, quizá el mejor de todos, Waste Books, de Georg Christoph Lichtenberg, quien escribe en su prólogo:

Los comerciantes tienen una libreta de sucio, que es donde anotan, día a día, sucesivamente pero sin ninguna organización especial, todo lo que han comprado y vendido. Desde ahí, pasan las entradas al libro diario, donde las registran de forma más sistemática. Finalmente, las trasladan al libro mayor mediante el sistema italiano de contabilidad por partida doble. Esta práctica deben adoptarla todos los investigadores. Primero, un cuaderno en que anotar todo tal y como uno lo ve o como el pensamiento se lo dicta. Luego, esto se puede copiar a otro donde los temas estén separados y mejor ordenados; en este libro mayor pueden disponerse las distintas categorías de forma relacionada tal que facilite una elucidación ordenada.1
Cuando leí esto, pensé inmediatamente: «¡Qué maravilla! Yo quiero escribir un libro igual para los magos». Y aquí lo tienes. Hace unos años, cuando lo comencé, me acordé de una anécdota que Dai Vernon contaba acerca de sí mismo. Cuando era niño se planteó el reto de coleccionar una docena de juegos que se hiciesen con una cuerda. Le llevó algún tiempo, pero finalmente reunió ¡más de cien! Me pasó algo parecido cuando comencé a recopilar material para este libro. Pensé que nunca encontraría 365 artículos interesantes, pero después de varios meses tenía suficentes para ¡casi dos años! Los que vas a leer son los mejores.
Si tuviese que resumir esta obra en una frase, diría que es el libro que me hubiese gustado leer. Temo que suene a cliché, pero no lo digo sin razón . Los cientos de artículos que he incluido en este volumen han sido escritos a lo largo de varios años. Al releerlos antes de mandarlos a la imprenta he redescubierto muchos ¡que había olvidado desde que los escribí! Y he visto que son de tal valor y tan prácticos que los he incorporado a mi repertorio (habiéndolos usado años atrás y, por alguna razón, olvidado al cabo del tiempo). Por tanto, y con conocimiento de causa, puedo decir que éste es un libro que hasta a mí mismo me gustaría leer.

Cómo leer mi Agenda Secreta
Al final ha salido un libro bastante grande, tanto por su tamaño como por su contenido. Leerlo de una sentada sería como consultar la carta de un selecto restaurante y querer comer todos sus platos de una sentada. O sea, imposible. Pero si fueras al mismo restaurante una vez por semana y en cada visita pidieras tres distintos, al cabo de un año probablemente serías la persona más feliz del planeta. Mi Agenda Secreta está pensada para te tomes de ella una cosita cada día. Te sugiero encarecidamente que adoptes este régimen de lectura. Lee sólo un artículo por día, por ejemplo, en casa mientras desayunas. (Declinamos toda responsabilidad en el caso de aquellos amigos lectores que lean Mi Agenda Secreta en el coche, de camino al trabajo, tomándose un café con galletas). O durante el descanso para almorzar. O por la noche, (en penúltimo lugar) antes de dormir. Puede convertirse en una bonita costumbre. Pero si ves que no funciona, hazlo como te plazca. (Esto te lo dice el italiano que llevo dentro).

Más cosas
Uno de los retos más grandes que un autor puede plantearse es condensar sus conocimientos sobre alguna materia complejísima en unos cuantos conceptos aparentemente sencillos para ofrecer al lector interesado –ése es uno de los requisitos–una sinopsis agradable y concisa. Entender algo ya resulta en sí mismo difícil, pero ser capaz de explicarlo o de escribirlo sucintamente lo es todavía más. Esto es especialmente cierto si eres como yo, te fascina la profundidad y la amplitud de una materia y quieres contarlo todo. Como eso ya lo hice, y con creces, en mis otros libros, las series Gran Escuela Cartomágica y Roberto Light, aquí pretendo otra cosa. Admito que no lo he conseguido en todas las entradas, ya que la complejidad de algunas cuestiones ha exigido
explicaciones más largas, pero espero que, un así, las encontréis merecedoras de vuestro tiempo. Quizá este libro te haga una persona más feliz por la satisfacción que produce mejorar, aprender o simplemente recordar una cosa cada día durante el próximo año de tu vida mágica. Las cosas buenas nunca vienen solas. Lee una perlita cada día y no solamente habrás gando eso, sino que fomentará en ti una actitud positiva. Será como una especie de«efecto mariposa» que traerá a tu vida y a la de los demás más cosas buenas. ¿A que sería estupendo? Y aunque no fuera así, no podrás negar que al menos tú sí te habrás llevado algo.
Max Maven, amigo y mentor durante muchos años, dijo en un documental sobre Dai Vernon titulado Spirit of Magic: «Nada de lo que hizo fue trivial». He intentado hacer de esa idea sea el principio rector de este libro. Espero haberlo conseguido. Donde no lo haya logrado, te pido que seas indulgente y espero ser juzgado por lo que he hecho bien y no por lo que no he alcanzado.

De mi cosecha
En Mi Agenda Secreta encontrarás algunas entradas cuya conexión con la magia no parece clara a primera vista, tales como las listas de mis citas, películas o libros favoritos; o sea, cosas fuera de las fronteras de la magia. Algunos lectores pensarán que estos artículos son de relleno. Nada más lejos de la realidad, pues lo más difícil no fue elegir qué iba a incluir en el libro, sino qué iba a dejar fuera. Igual que un coche no es simplemente el motor, la magia no son simplemente los trucos y las técnicas. Después de llevar en la magia más de cuarenta años, veintidós de ellos como profesional, he llegado a la conclusión de que la parte más importante de la actuación de un mago es su personalidad. Pero no es fácil determinar qué la conforma. Aun así, me atrevo a decir que tiene que ver con lo que uno cree, con lo que uno sabe, dice y hace, y con la forma en la que todo esto se manifiesta. Ésta es sólo una de las razones por las que he incluido ciertos artículos. Reflejan en gran medida mi personalidad y los he puesto aquí para
compartirlos, pero, sobre todo, para inspirar a mis lectores –especialmente a los que todavía se mantienen receptivos a otras influencias– y animarlos a que busquen otros intereses, distintos de la magia, y vean qué relación pueden tener con ella; y para que tomen conciencia de la importancia de los intereses que ya tienen. Esta clase de rasgos son una parte tan importante de la personalidad escénica del mago como los juegos y las técnicas. ¡Incluso más! Y, sencillamente, porque son de esa clase de cosas maravillosas que elevan la mente y el corazón.
También quiero decir algo sobre el hecho de citarse uno mismo, una práctica que suelo encontrar irritante en las obras de los demás y que por eso he tratado con sumo cuidado a la hora de escribir este libro. En los artículos encontrarás unas cuantas referencias a la Gran Escuela Cartomágica, aunque he intentado que sean las estrictamente necesarias. Las que aparecen lo hacen porque he pensado que son cruciales para entender aquello de lo que se trata. Todas las demás referencias a la Gran Escuela Cartomágica y a las obras de otros autores que no sean de inmediata necesidad pero que sean importantes porque aclaran cuestiones secundarias, las hecolocado en las notas finales del libro para que quienes estén interesados las investiguen. Estas notas también incluyen fuentes para la descripción de técnicas que he considerado probablemente ya conocidas por los lectores de un libro de esta naturaleza y que, por lo tanto, no necesitaban figurar en el texto principal. Están pensadas como orientación para los que no estén familiarizados con estos pases y conceptos, y en ellas abundan las referencias a la Gran Escuela Cartomágica, no porque yo sea su autor, sino porque se trata de una obra muy cómoda donde encontrar mucha de la información referenciada, y también porque son libros que probablemente figuren en la biblioteca de mis lectores.

Y para terminar
Pido disculpas si en alguna ocasión sueno inmodesto al expresar alguna idea, pero para lograr todo lo que cabe esperar de un proyecto tan ambicioso y polifacético como éste, a veces uno debe hablar con mayor autoridad que la que la realidad le concede. Puedo manifestar sin reservas que este libro contiene artículos por los que con gusto habría pagado mucho dinero de haber tenido conciencia de lo enormemente útiles que habrían de serme antes o después. También diré, con toda humildad pero con la razón de los hechos como respaldo, que aprender muchos de los artículos descritos en mi Agenda Secreta me ha costado muchos años de reflexión, de búsqueda, de discusión y de encuentros con otros magos. He comprado y leído miles de libros, he viajado cientos de miles de kilómetros, y he gastado grandes sumas de dinero en comidas, invitaciones, hoteles, congresos y clases de todo tipo. Y no exagero. Tú vas a recibir en un solo libro y por lo que cuesta un par de entradas para el cine y una pizza para dos, gran parte de ese conocimiento y experiencia acumulados. Y como de ello me enorgullezco, no me he resistido a destacarlo, quizá con imprudencia y a riesgo de parecer vanidoso.
Y hablando de orgullo –que en mi vida trato de permitir solamente en pequeñas dosis– te diré que no considero mi Agenda Secreta una mera recopilación de «consejos» provenientes de un profesional, sino, más bien, una conversación contigo, mi querido lector, al que espero ganar como amigo. Vas a conocer muchas de mis creencias, criterios y preferencias, y también algo de lo que me disgusta. Y es que tienes en tus manos el libro más personal que jamás he publicado.
No pretendo que sea una obra pragmática del tipo «cómo se hace», puesto que busco plasmar en ella mis creencias humanísticas y, probablemente, ese estilo de vida típicamente europeo que prefiere disfrutar de la vida antes que ganar dinero y fama. Con esto espero transmitir que la dedicación a la magia no es tanto una ocupación como un estilo de vida, la expresión de uno mismo como parte de la humanidad. No quiero sermonear ni hacer proselitismo, sino sólo
trasladarte el entusiasmo que tengo por la magia y animarte a respetar todo aquello con lo que te has encontrado mientras buscas y conformas tu propia identidad en este arte que compartimos. Cuando lo hayas logrado, no olvides compartir tu trabajo, conocimiento y pensamiento con aquellos de tu alrededor que juzgues dignos. Solamente entonces lo habrás convertido en una verdadera obra de amor. He aprendido de mi principal maestro, Juan Tamariz –que a su vez lo aprendió del suyo, José Frakson– que lo que uno haga sólo es digno si en ello pone pasión, amor, y entrega a los demás. Y esto, cada uno debe hacerlo dentro de las limitaciones que la Providencia le ha impuesto y que luego haya sido capaz de trascender con su propio esfuerzo.
Espero que para cuando finalice el año y hayas leído cada uno de estos presentes sientas que he logrado mi propósito, al menos a mi manera. He trabajado para ti con la máxima exigencia y la mayor sinceridad de que he sido capaz, y ahora deseo, por encima de todo, que disfrutes, y expresarte toda mi gratitud por permitirme ser tu compañero durante todo un año.

De corazón,
Roberto Giobbi